Historia 2 – La Maldición de Motabe

Historias de Zombies :: La Maldición de Motabe

Motabe avanzaba sigilosamente entre los frondosos bosques de su selva. Sus ágiles movimientos y su piel oscura como la misma sombra le hacían parecer a ojos ajenos una pantera al acecho.
Las alimañas que iba encontrando a su paso desaparecían rápidamente, miedosas. Motabe era el chamán de la tribu, era la propia fuerza de la naturaleza y como tal era temido y respetado por  toda vida animal del lugar.
Siguió caminando, con paso firme, decidido. Su objetivo no estaba lejos y necesitaba llegar antes del alba. Los hombres Blancos conocerían el poder de la naturaleza, vengativa y letal.

Para darse fuerzas del acto atroz que estaba a punto de cometer, recordó como los hombres blancos habían violado, torturado y asesinado a la hija del jefe de la tribu, solo por diversión.
Como iban destruyendo a velocidades desproporcionadas la zona selvática cercana con sus enormes máquinas, arrasando flora y fauna por igual.  Los hijos de la tribu, cazados como animales. Las aguas contaminadas provenientes de la zona de las máquinas dificultaban aún si cabe más la supervivencia.
No, esos malignos seres blancos habían llegado demasiado lejos. Era hora de la venganza.

Divisó ya cerca las luces que delataban el campamento de los hombres blancos, los gritos de los trabajadores y el ruido de las máquinas cortando los árboles. Incluso oyó risas. Toda la  tranquilidad de la selva nocturna se había evaporado. Le hirvió la sangre, y se acercó sigiloso hacia la tienda más cercana, escondido entre los matorrales. Pasaron varias horas y el sonido  del campamento poco a poco se fue apagando. Motabe esperaba entre las sombras, inmutable y estoico, esperando hasta que el último de los trabajadores se fue a dormir.

Tan solo la hoguera central iluminaba tenuemente el campamento, y hacia allí se dirigió Motabe, silencioso como la sombra. Sintió su calor en su piel en contraste con el frío de la noche.
Se agazapó junto a ella, mirando hacia las tiendas en busca de movimiento y al no ver nada, abrió su viejo zurrón. De él sacó una vieja y espeluznante estatua de unos 5 kilos con caracteres indescriptibles. El fuerte  Motabe sintió un extraño sentimiento de pavor al observarla, como cada vez que la miraba. Por muchas veces que la observara, siempre le producía la misma sensación de respeto y miedo. Según las leyendas de la tribu, la estatua representaba a la Diosa de la naturaleza, la parte vengativa y terrorífica de ella. Con ella se podía invocar a los destructivos hijos de la naturaleza: el fuego, el viento, el agua, la tierra y la muerte. A esta última entonó el horrible cántico que empezó a recitar, en voz baja pero clara y firme. Sintió la magia a su alrededor, entrando y saliendo de su cuerpo constantemente. Cualquier otro acólito habría desfallecido con el conjuro, pero Motabe tenía una voluntad de hierro y una resistencia asombrosa. Era muy poderoso y
creía firmemente en lo que estaba haciendo. Aunque sabía que le aguardaba un sitio en el infierno por este acto, lo creyó justo y necesario. No quería ver como su pueblo iba hacia la  extinción por culpa de los hombres blancos.

Cuando, exhausto, terminó el ritual, con las pocas fuerzas que le quedaban hizo un agujero en el centro del campamento con una pala que encontró cerca y allí, enterró la horrible estatua. El conjuro ya estaba en marcha. Los hombres blancos sabrían en ese momento lo que era el terror. Solo faltaba completar la última parte del ritual. Camino hasta la tienda más cercana, la más pequeña del campamento y se introdujo en ella. Había un hombre blanco de unos 45 años  durmiendo tranquilamente. Se acercó hacia él con extremo cuidado. Puso la almohada encima de su cara y apretó con fuerza. El hombre se despertó exhausto e intento luchar con todas sus  fuerzas para poder respirar. Motabe era muy fuerte y atenazaba al hombre implacablemente. Cuando por fin la resistencia del hombre estaba llegando a su fin, saco un puñal con punta de hueso y lo clavó en el pecho del hombre. Finalmente, su vida se evaporó .Motabe estaba tremendamente fatigado y tuvo que sentarse en la cama para recuperar fuerzas, sin quitar las manos aun de la
almohada. No quería ver el rostro del hombre al que acababa de asesinar a sangre fría. Le puso la sabana encima, tapándole todo el cuerpo.

El ritual estaba finalizado y tenía pocos minutos para desaparecer del campamento antes de que la hecatombe del maleficio estallara. Oyó ruidos de pasos fuera de la tienda y volvió a sacar   el puñal de forma instintiva. Se agazapó detrás de la cama dispuesto a saltar, cuando los pasos se alejaron de la tienda. Vio claro que era el momento de escapar cuando observó que el cuerpo  muerto y lleno de sangre envuelto en la sabana se empezaba a mover lentamente, resucitado. Motabe salio corriendo de la tienda en dirección a la oscuridad de la jungla. Oyó disparos a sus espaldas y sintió una fuerte punzada en el hombro mientras corría con las pocas fuerzas que le quedaban. Por suerte la bala solo le había rozado la carne. Se perdió en la oscuridad de la jungla.
En el campamento empezaron los gritos de terror y los disparos. El hombre blanco había sido castigado. Motabe supo demasiado tarde las terribles y apocalípticas consecuencias de sus actos.

AUTOR: MISI666

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  • Cicosis

    Esta me suena!!! puede ser que la empezaras a escribir en quintana???

  • Misi666

    si, tuvistes el placer de ver el inicio jejeje.

  • kiko pombo

    joder Misi, molan!

  • Despúes de leerla reconozco que me ha gustado y enganchado, la siguiente pregunta es, ¿vas a continuarlas? ¿sabremos que pasa en el campamento?

    Motabe Powa!

  • Lukus

    Muy chula esta, mejor que la primera. Dale cañita Misi ;), está siendo un buen blog.

  • Marian

    Joder tio como escribes. La historia de Motabe, está chulísima.

  • daniel

    Mierda che tenes algún libro sos muy buen escritor ni siquiera tenes error de ortografía che loco esta historia sigue???

  • José Atacho

    increible!